El bigote de Nietzsche

Mayo 1, 2009

¿Aún te atreves a afirmar que existe el extranjero?

Porque hoy al despertar me he tomado un yogur griego, me he puesto los calzoncillos de Marruecos, una camiseta hecha en China, unos tejanos, la americana, y ale, a la universidad. A media mañana he comido una napolitana (no me apetecía el clásico bocata de tortilla a la francesa) y he vuelto a clase. Al mediodía he comido unos espaguetis a la bolognesa y un bistec, y de postre unas lionesas. Y nada, que me he puesto a leer L’existentialisme est un humanisme de Sartre, hasta que esa lámpara made in Taiwan y curiosamente comprada en una tienda de sus enemigos los chinos se ha averiado. Así que he salido a la calle, donde unos hooligans escoceses bebían cerveza alemana al lado de un pub irlandés y trababan conversación con unas protitutas latinoamericanas.

Vamos, no te hagas el sueco: ¿aún te atreves a afirmar que existe el extranjero?

Abril 23, 2009

Necesitamos el contacto

Archivado en: Uncategorized — Ignacio Terrado @ 10:50 am

Cada vez me doy más cuanta de lo necesario que es para mí el contacto. El contacto corporal, carnal, de piel contra piel, carne contra carne, alguien que me toque, que me abrazace, que simplemente me coja de la mano. No bastan las palabras, no bastan los conceptos.

No importa quién sea la persona que me toque. Si tuviera los ojos vendados, lo único que notaría sería el cariño, la voluntad de gustar, de dar placer de aquella mano que suavemente se posase en mi espalda y me acariciase la piel.

Nuestra sociedad ha abolido el contacto. Huye de él. Nos saludamos con un frío apretón de manos, para justo después separarnos y ya no volvernos ni a rozar. Pero tan necesario es este roce que del roce nace el amor. Y son precisamente aquellas personas queridas las únicas que se atreven -a veces- a quebrantar la burbuja de nuestra “intimidad”.

Es difícil cambiar los hábitos, pero: ¿ no viviríamos mejor de otra manera?

En fin, feliz dia de Sant Jordi.

llibre-rosa-vermella

Abril 20, 2009

Zeitgeist 3: la continuación

Archivado en: Actualidad (en clave filosófica) — Ignacio Terrado @ 10:38 am
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Hasta ahora he intentado escribir sobre los temas que podrían haber hecho pensar a mi amigo como cristiano; ahora trazaré un breve esquema de lo que es la continuación del documental, y para mí lo más interesante.

No me creo bastante de lo que dicen, pero puedo dar argumentos en favor de las tesis de Zeitgeist que ellos mismos no citan. Una, por ejemplo, me la explicó un profesor de mi universidad, corresponsal de guerra: para ahorrar dinero, se ve que los americanos habían despedido a la mayoría de sus traductores de árabe; ¿cómo, entonces, van a leer todos los mensajes que les deben de llegar cada día de Pakistán, Irán, Iraq, etc?

Otras, respecto al tema en que coincido con ellos, el de la manipulación, son éstas:

1) No puedo viajar en un tren o avión -a no ser que sea un regional- sin que ellos sepan qué llevo en la maleta.

2) La policia, actualmente, entra impunemente en la universidad y nadie se alarma por ello.

3) Los satélites espaciales pueden distinguir una moneda en el suelo. ¿Aún te crees a salvo cuando estás sólo en el bosque?

4) La batalla entre los partidarios de Educación por la Ciudadanía y la religión en las aulas no es otra que la de imponer un dogmatismo, progresista o conservador, pero dogmatismo al fin y al cabo.

5) Si llevas el móbil contigo pueden saber dónde estás. ¿No lo ves? Si puedes enviar y recibir mensajes, pueden calcular perfectamente desde dónde los envías.

Abril 19, 2009

Zeitgeist 2: el poder de un mito

Archivado en: Actualidad (en clave filosófica), Religión — Ignacio Terrado @ 11:05 pm
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La tesis sobre la religión de los productores de Zeitgeist es ésta: las tradiciones de la religión cristiana son plagios de otros mitos más antiguos, lo que, unido a la dificultad de probar la veracidad de lo que se narra en la Biblia, constituye una prueba concluyente de que la religión es una patraña. Si es una patraña, ¿por qué se mantiene? Fácil: para subyugar al pueblo.

¿Qué es lo que podría preocuparle a un cristiano como, por ejemplo, el amigo que me recomendó el documental? En la primera parte de este análisis he explicado que no todo lo que se dice en el vídeo es verdadero a mi entender. Ahora, pero, vamos a suponer que sí lo es, y a ver qué consecuencias supone esto.

Como he explicado ya, el ataque es éste: lo que dice la Biblia es falso; por lo tanto todo lo relacionado con la religión es falso.

Si mi amigo fuera un católico de éstos que interpretan las Escrituras al pie de la letra no habría nada que hacer. Sería cuestión de fe. O cree en la Biblia o cree en la ciencia. Porque desde el punto de vista de la lógica científica son imposibles el arca de Noé, Jonás y su ballena, caminar sobre las aguas, o la resurrección de los muertos. Pero mi amigo no es de éstos, así que se le abren otros caminos por delante.

Es decir: vamos a suponer que, efectivamente, Jesús no existió y que, si lo hizo, no multiplicó panes y peces, no convirtió el agua en vino, no resucitó de entre los muertos. La mayor parte de la gente -el Papa de Roma incluido- pensará: pues si todo esto no pasó el cristianismo no tiene ningún sentido.

Ahora bien: si presuponemos que las únicas verdades son las científicas estamos no sólo cayendo en una mala especie de dogmatismo sino que, además, seremos muy desgraciados, pues: ¿podéis demostrarme científicamente que vuestra madre os quiere?

Cuando nuestra abuelita nos contaba los tres cerditos, o la casita de chocolate, ¿pedimos jamás pruebas científicas de la existencia de estos seres y lugares? Y, sin embargo, estos cuentos contenían una verdad, eran verdad: el trabajo bien hecho vale más que una chapuza; no te pierdas por el bosque que es peligroso, etc… Y yo me pregunto: ¿la inexistencia histórica de los sucesos narrados en la Biblia invalida también esta otra verdad? ¿esta verdad moral, existencial? Porque es innegable que Jesús resucitó, al menos simbólicamente, y que sigue vivo en muchos millones de personas. Porque es una opción válida el creer que, si no tienes la conciencia limpia, no debes tirar la primera piedra. Porque el mito de Adán y Eva podría ser EL MITO DEL SABER: en la ignorancia del bien y el mal, de que no íbamos a morir, éramos felices e íbamos desnudos; luego aparece el conocimiento de la muerte -Adán y Eva se dan cuenta, por la serpiente, de que no son dioses- y este sufrimiento les produce dolor.

Realmente, ¿cuál es la parte importante?

Me atrevo a profetizar: sólo si sigue esta segunda vía la religión cristiana podrá mantenerse como tal. Y esto conlleva: abolir la práctica totalidad de los dogmas menos uno, menos el único que pronunció el personaje literario que es Jesús: amaos los unos a los otros, sin el cual el cristianismo no tiene sentido; y una religión más individual, que religue, de reli-gare, al ser humano con su propio sentido de la trascendencia. Es natural, pues, que el Papa y los obispos se opongan a esto, pues se les acaba su función, que es la de velar por los dogmas y imponer una ortodoxia.

El bigote de Nietzsche, el patrón de este blog, tenía muy claro lo que os he explicado. Casi nunca en su madurez como pensador -salvo quizá en su Genealogía de la moral- usó el discurso filosófico-científico, pues debía saber que era caduco. En cambio escribió en aforismos, en poesía pura, ¡EN MITO!, y esto es lo que le hará permanecer. Porque las tres transformaciones del espíritu no pueden ser demostradas científicamente.

Y es un mito el Quijote, y son mitos el rey Lear y Werther, y el conde Arnau, y tantos otros. E, incluso, ¿quién nos asegura que no fue Sócrates un mito, como lo fueron Cervantes, Shakespeare, Goethe, y Napoleón? Quizá dentro de dos mil años se debata si yo mismo no fui un mito. Espero que, entonces, lo que importe de mí no sea mi veracidad histórica, sino el valor de los textos que yo haya dejado, sino la inmortalidad que habré alcanzado en las almas de aquellos que me acojan en su seno.

Porque sabedlo: en realidad fue don Quijote quien escribió a Cervantes.

Zeitgeist 1: los procedimientos

Archivado en: Actualidad (en clave filosófica), Religión — Ignacio Terrado @ 7:50 pm
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Hace unos días un amigo me explicó que había visto un documental titulado Zeitgeist (en alemán: el espíritu del tiempo) que le había hecho pensar mucho. Mi amigo es cristiano, y quería saber mi opinión como estudiante de humanidades -a veces tengo la impresión de que me sobrevaloran demasiado- sobre la crítica que el supracitado documental hace del cristianismo. Así que, cuando lo vi y comprendí de qué manera estaba hecho, una intensa oleada de indignación invadió mi cuerpo: no sólo el documental está plagado de tergiversaciones sino que, además, la manera de narrarlo, el orden y la forma en que se suceden las imágenes y los textos, está diseñada del mismo modo que un discurso político. En este primer artículo me propongo analizar los procedimientos usados por los productores al hacer el documental. En el siguiente trataré el problema que realmente preocupaba a mi amigo: las repercusiones que las verdades -que las hay a mi entender- de este documental puedan tener en su fe.

Aquí tenéis el documental. Yo sólo voy a analizar la primera parte, pero luego hay toda una teoría de conspiraciones sobre el 11S y los ricos bastante interesante (pero hay que ir con mucho ojo con ellas, ¿eh?)

Zeitgeist

Nos centraremos únicamente en los 10 primeros minutos del film. La forma en que comienza es tremendamente sensacionalista, dirigida al pathos i no al logos, a los sentimientos y no a la razón: vemos imágenes de niños desnutridos, cuerpos sangrientos, el asesinato de un vietnamita -el cual también era un asesino-, desastres, muertes, destrucción. Y cuando nuestro corazón acelerado ya no puede más, cuando nuestras entrañas se revuelven exigiendo un culpable, aparece el chivo expiatorio: la religión. Por lo que se ve, estos señores quieren ser unos filósofos de la duda, quieren ser Marx, Nietzsche, y Freud juntos, pero olvidan un detalle: Marx, Nietzsche y Freud fueron genios, pero estaban bien documentados. Y los del documental ni son genios ni sus fuentes han demostrado ser las mejores.

¿Qué pasa? Pues que, una vez el anticlericalismo de los que somos jóvenes e idealistas (y me incluyo a mí mismo en el grupo) ha hecho mella en nuestro interior, nos lo creeremos todo sin contrastar. Porque que la mayoría estamos predispuestos contra los representantes y los dogmas de la Iglesia Católica es algo que no podemos negar.

Y aquí viene la falacia ad hominem. Cito de los subtítulos:

Mientras más te educas, mientras más entiendas de dónde vienen las cosas, las cosas se vuelven más obvias y empiezas a ver mentiras por todos lados. Tienes que saber la verdad, buscar la verdad, y la verdad te liberará.

Es decir: si tú quieres ser alguien educado y entendedor de dónde vienen las cosas debes ver las mentiras de la religión. ¿No las ves? Será que no estás educado. ¿No las ves? ¿No conoces la verdad? No eres libre. Y claro, ¡a nadie le gusta pasar por esclavo! A estos criticones del cristianismo habría que decirles que usan los mismos procedimientos que el evangelio cuando dice: Yo soy el camino, la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por Mí.

¡Pero es que, además, dan datos falsos!

1) El cristianismo no puede ser una invención de los poderosos romanos por una simple razón: el cristianismo fue duramente perseguido por las familias imperiales, que veían en él la decadencia y la blasfemia. Además, las primeras comunidades cristianas se encuentran en Palestina, Asia menor, y Grecia.

2) La virgen Isis-Meri: Si dejamos de lado que Isis de virgen no tiene nada y que, además, su historia es bastante pornográfica (insufla vida a Osiris con la boca en sus genitales, y después se introduce su pene en el cuerpo para que nazca Horus), según otras fuentes (cada uno que juzgue cuál le parece más fiable) resulta que Isis es sólo el nombre grecorromano de la diosa egipcia Ast, y que eso de Meri no es un segundo nombre sino que, según la piedra de Rosetta, quiere decir “amado”. Por lo tanto Isis-Meri será “amado (de) Isis”. Otras teorías como ésta las podéis contrastar con lo que hay en este blog dedicado a los dioses aparecidos en el documental y otras cuestiones relacionadas.

3) Si os molestáis en detener la pantalla cuando aparecen esas listas de nombres de personajes comparados con Cristo y que pasan tan rápido que no puedes ni pensar, veréis que hay allí demasiadas comparaciones forzadas.

A propósito, el solsticio de invierno no es el 25 de diciembre sino el 21 (para el examen de astronomía, ya lo sabéis).

 

Como habréis podido comprobar, los procedimientos usados por el documental no me convencen. Hay muchas inexactitudes, comparaciones que no hacen al caso, y expresiones como la que cito aquí:

No queremos ser crueles, pero queremos ser objetivos. No queremos causar sentimientos dolorosos pero queremos ser académicamente correctos.

¿Qué dicen? Pues que si encontramos crueles sus conclusiones es que no somos objetivos, que si nos sentimos heridos -como yo me he sentido- por su manera de explicar las cosas, es que no somos académicamente correctos.

Lo siento, pero esperaba más de un documental que parece que ha causado tanto furor. Agradezco a sus autores su voluntad de intentar que la gente sea más crítica, pero quizá tendrían que empezar por serlo con ellos mismos.

Próximamente publicaré la segunda parte de este pequeño análisis. Veremos cómo afecta la parte de verdad de Zeitgeist (o lo que yo considero acertado) sobre el cristianismo a la fe de mi amigo.

Abril 6, 2009

El verdadero amor platónico

Archivado en: Los clásicos — Ignacio Terrado @ 10:47 pm
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¡Qué hermosa eres, qué encantadora,
qué amada, hija deliciosa!
 
Esbelto es tu talle como la palmera,
y son tus senos racimos.
 
Yo me dije: Voy a subir a la palmera,
a tomar tus racimos;
sean tus pechos racimos para mí.
El perfume de tu aliento es como el de las manzanas.
 
Tu palabra es vino generoso a mi paladar,
que se desliza suavemente entre tus labios y dientes

del Cantar de los Cantares

 

Muchas veces en nuestra vida hemos usado la expresión amor platónico para referirnos a un amor no carnal sino intelectual. Ahora bien, el eros griego era diferente de nuestra concepción del amor de raíz cristiana, estaba mucho más ligado al deseo sexual, y de aquí que cuando leemos a algunos poetas antiguos tengamos que pensar su verbo amar como equivalente a la consumación del deseo. El poema que os he transcrito al inicio no es, pero, de Catulo, sino que pertenece al Cantar de los Cantares, atribuido por la tradición al mismísimo rey Salomón. Os aconsejo verdaderamente que lo leáis, puesto que es, a mi modo de ver, uno de los mejores poemas amorosos de la historia.

Porque, estoy seguro, los que estáis leyendo estas palabras os habréis enamorado alguna vez. ¿Cómo? ¿No? ¡Corre, escóndete, no sea que te vea Platón y se enfade por tenerte aquí con nosotros! ¿Que por qué? ¿Y aún me lo preguntas? ¿No sabes, desgraciado, que es precisamente a través del amor, que se llega a la sabiduría? ¿A través del eros a la sofia? Sí, me lo explicó el mismísimo Platón, y ahora, incrédulo, para que te convenzas, te lo voy a demostrar:

Nos sentimos atraídos por un cuerpo bello, y su belleza nos incita a poseerlo. Pero una vez hemos hecho realidad nuestro deseo nos damos cuenta de que hay muchos otros cuerpos bellos aparte del nuestro, y no habría razón para seguir sólo con él. Lo hemos poseído, lo hemos gozado, y hemos perdido el interés. Ya no hay nada, a no ser que encontremos en el interior de este cuerpo bello un alma también bella, incomparablemente más bella que el cuerpo que, poco a poco, se va corrompiendo. Platón lo tendría claro: todos los divorcios que hay actualmente se deben a que no se ha sabido encontrar la belleza del alma dentro del cuerpo y, naturalmente, al cambiar éste deja de ser el mismo del que nos habíamos enamorado.

Pero para el ateniense no es éste el último paso. Del alma bella pasamos a considerar bellas sus acciones, sus pensamientos, y nos damos cuenta de que hay una belleza en las ciencias, una belleza desligada tanto de nuestro cuerpo como de nuestra alma. Finalmente, extraemos de ahí que debe de haber una idea suprema de belleza de la que partían todas las demás, eterna, inmutable, cognoscible. Como para Platón el Bien, la Verdad y la Belleza son un mismo todo, de ahí se extrae que a partir del amor por un cuerpo bello lleguemos a conocer la más grande de las formas o ideas.

En este enlace tenéis el corto fragmento (en catalán y castellano) del que he extraído todo esto.

¿Y bien? ¿Aún tienes excusa para no enamorarte?

Abril 4, 2009

¡CRISIS!

Archivado en: Actualidad (en clave filosófica) — Ignacio Terrado @ 3:55 pm

Como habréis podido comprobar mis lectores, el autor de este blog ha sufrido una crisis. Han sido algunos meses sin compartir con vosotros las teorías y opiniones de esta gente a la que llamamos filósofos, y la verdad es que temo que muchos os hayáis olvidado de este espacio de disidencia y expresión. Ahora bien, ¿son buenas o malas, las crisis, para el desarrollo del individuo? Si lo recordáis, en otro artículo ya os expliqué cómo el camello necesitaba pasar una crisis, ejemplificada en la imagen del león, para convertirse en niño y ser capaz de volver a empezar, de modo que todo cambio vital realmente importante implica una crisis de valores, una crisis moral.

Lo primero que hay que tener claro es que el tópico de que las crisis son buenas por sí mismas es una solemne mamarrachada. La crisis muestra que algo va mal, y produce un intenso sufrimiento. Si convenís conmigo en que la vida está para gozarla al máximo, es obvio que nadie en su sano juicio puede desear porque sí verse obligado a soportar el dolor que causa una crisis. Es cierto que hay quien se flagela voluntariamente, pero el bigote que preside nuestro blog es incapaz de admirar a estos enemigos declarados de la vida.

Pero las crisis ocurren, y si ocurren es por alguna razón. La situación en que vivíamos se ha vuelto insostenible, y nosotros, como valientes filósofos que queremos ser, no podemos esconder la cabeza bajo tierra como el avestruz, sino elevarnos como el halcón y escudriñar el terreno para comprender qué nos pasa. Es éste un gesto valiente y que, por desgracia, no somos siempre capaces de hacer. Por eso el ser humano es el único animal que siempre tropieza con la misma piedra.

El placer en el que vivíamos era profundo, muy profundo. Habíamos convertido nuestras vidas en un festín de voluptuosidad sensitiva, y henos aquí ahora hundidos en el llanto. Pero las lágrimas han limpiado nuestros ojos del polvo que los cegaba, y un nuevo camino, brillante pero incierto y peligroso, se abre a nuestros pies. Ha llegado el momento. Habrá que decidir si osamos recorrerlo o si, por el contrario, preferimos remilgarnos en la suavidad de los cojines de la autocompasión.

Quizá nos equivoquemos. Quizá no fuera ése el camino, sino otro. Quizá pensemos que más hubiera valido no mover los pies. Pero sólo quien se moja, quien hunde sus manos en el lodo hasta mancharse los hombros, puede descubrir qué había al otro lado de la cima.

Cuando termine el camino quizá estaremos solos, quizá más acompañados; quizá habremos matado unos cuantos dioses, quizá los habremos encontrado; quizá nuestras lágrimas aún surquen nuestras pálidas mejillas, o quizá una gran carcajada, la carcajada del general victorioso, resuene por los valles y las montañas; pero habrá algo que nadie podrá quitarnos: nos habremos vuelto más sabios y más humanos, quizá demasiado humanos, y una nueva tierra, la que nosotros, y sólo nosotros, nos hayamos prometido, se abrirá virgen a nuestros pies esperando que la desflore nuestra vitalidad.

Dependes de una acción

Noviembre 24, 2008

Gelosia

Archivado en: Espíritus libres — Ignacio Terrado @ 1:06 am
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Hoy romperé mi costumbre de escribir en castellano. Y lo haré por dos razones: la primera porque ya hace tiempo que no cuelgo nada, y no quiero que vuestra natural impaciencia os obligue a adoptar una solución desesperada; y la segunda porque el siguiente texto lo escribí hace ya tiempo, y lo hice en catalán. Mi amigo Clari me pidió que escribiera algo sobre los celos (y sobre el nacionalismo, y sobre esto, y sobre aquello…), y recordé que, hace unos meses, en una de mis crisis de indignación, escribí el texto que podéis leer a continuación. Está tal y como lo guardaba, pues nunca lo publiqué. La polémica está servida…

Ha arribat un moment que ja no sé què sóc: o bé el sobrehome nietzscheà –la qual cosa m’encantaria, perquè voldria ben bé dir que sóc una mena de petit príncep; o bé un jove mentalment desequilibrat. I és que no entenc –més aviat menyspreo– cert aspecte moral de la nostra societat: la gelosia. És a dir: sóc un immoral, perquè crec que aquest sentiment és una lacra. I no us penseu que això és el que creu tothom, i que tothom pensa que la gelosia és dolenta, no… això us volen fer creure! Com, si no, trobeu natural que algú s’enfadi perquè la seva xicota, una nit de festa, ha donat petons a un altre? Jo, aquest any, no sé per què, però tothom sembla prendre’m pel seu conseller sentimental –i això que jo, de psicòleg o capellà, més aviat poc– i, la veritat, ja començo a estar-ne fart, dels maldecaps estúpids que es munta la gent. I si –després de llegir aquest article– creieu que em manca virilitat o que no estimo (?), va bé, però jo sóc feliç quan molts que ho podrien ser es claven les ungles ells mateixos.

 

Un exemple: un noi que em va explicar que havia tallat amb la seva novia perquè aquesta se n’havia anat un dia amb un altre i li ho havia explicat. “I tu –li vaig preguntar– no te n’havies anat mai amb cap altra?” “Una docena de veces –va dir– sólo que no se lo dije” I havia tallat perquè… “tú no lo puedes entender, no tienes pareja”. Molt bé: ara estic sortint amb una noia i encara ho entenc menys…

 

Una molt amiga meva estava preocupada perquè li havien dit que havien vist el seu xicot del bracet d’una altra noia. “I què? –vaig dir–, jo hi vaig molts cops, del bracet de noies” “Ja, però és que…” “Però és que què?” “No ho sé, però…” Però la societat li havia ensenyat a preocupar-se, i duien un any junts i ella havia parlat amb aquest pobre xiquet –innocent del càrrec, per descomptat– i ell estava desfet. “A veure, tu te l’estimes?”, li vaig preguntar. “Sí”, va respondre ella. “I vols continuar amb ell o no?” Ella va tornar a afirmar. “Així doncs –ja dúiem una bona estona xerrant i començava a perdre la paciència, per molt que a aquesta amiga me l’estimo molt– que els donguin pel sac, als teus informants!” He de dir que és un dels pocs cops que aquest raonament m’ha funcionat. I és que: de veritat val la pena, de trencar un any de felicitat per una maleïda cotilleria?

 

I ara fa no res una altra –també me l’estimo amb bogeria, i és per això que m’entristeix veure-la patir– m’explicava que s’havia liat (atenent a que no sé si tots els meus lectors entenen aquest vocabulari, convindrem que aquesta paraula es refereix a una relació no formal) amb un noi i estava rabiosa perquè havia vist al seu fotolog que també anava amb una altra noia. A veure: calmem-nos. La noia va a veure aquest xiquet, hi ha atracció física, es lien, i se’n torna. Després descobreix el cas i s’emprenya. Responent a les meves preguntes, em diu que no tenia pas pensat de continuar amb ell, però s’emprenya. I jo no ho entenc. Si realment t’atreu però no vols res més enllà, li dic, doncs te’l folles i l’endemà adéu, que és el que ell ha fet, i ja està. Però ella s’emprenya, i no atén a raons. “I si un dia la Cristina et fa el mateix què? Què faràs?” No sé què esperava de resposta, suposo que volia sentir que la deixaria, o que m’empiparia, com n’hi ha que es peguen o maten o violen, però jo, com que sóc un degenerat, vaig dir: “A mi el que em molestaria seria que em mentís, però continuaria amb ella, que és el que jo voldria que fes ella si jo, pel que sigui, faig quelcom que la faci enfadar”.

 

I és que, continuant amb la conversa, li vaig dir que, d’atracció física, jo en sentia per un munt de gent, i que si només hi havia això jo podria ben bé i sense remordiments anar cada dia amb una. I aquí ja caic als peus de tothom.

Però és que a mi em tracten d’innocent i de tòtil, quan dic que encara crec en l’amor, i que cerco quelcom que realment em satisfaci. Però sóc un innocent i un tòtil lliure, si menys no. No els entenc quan em diuen que no enraonen mai de res amb la seva parella, o que no es diuen coses boniques, o que no comparteixen les inquietuds… però que volen posseir-se, com a vulgars objectes que són. Déu els dóna un cos perfecte i ells no l’admiren; només volen tancar-lo en una caixa forta. Fins i tot a les flors, volen tenir en possessió. És amor, això? No, és masoquisme capitalista; és l’estil de relacions de la moral burgeso-catòlica; és patiment que es podria no patir.

 

O no és millor, amb llibertat, aprendre a estimar? A mi m’agrada molt, la noia que està amb mi (no dic, conscientment: la meua, tot i que el filòleg de mon pare ja m’ha dit que no és necessàriament possessiu a la manera criticada sinó relacional). Sí, m’atreu moltíssim, físicament, la veig i necessito abraçar-la contra el meu cos i omplir-la de petons, però no vull fer-la la meva esclava, però no vull que es senti obligada a res. Perquè també m’atreu la seva conversa, la seva manera de pensar, tota ella, i sé que no serà la mateixa si entre nosaltres hi ha la desconfiança que aquest any he anat descobrint en massa gent. He enraonat amb ella i, després de reflexionar, ha dit: “Sí, jo també penso que som massa possessius i que això s’ha de canviar”.

 

I és que descobrir un cos és descobrir la llibertat, l’amor. Si la beso al coll, té cosquerelles, que en diuen al seu poble, i rient em renya pel refredat que duc a sobre –exercint de la metgessa que serà d’aquí a cinc o sis anys.

 

Al contrari del que ens han ensenyat, qui estima no és qui no mira cap altra noia que aquella amb la qual comparteix els millors moments de la seva vida, sinó el qui admira tota la bellesa que hi ha al món i als cossos de la gent –homes i dones; jo els admiro tots dos– sabent que hi ha algú que és especial no només pel seu cos sinó també per la seva vida. I això ja ho va dir Plató al seu –crec que es deia– Fedre!

 

Sí, sóc un degenerat i un efeminat, que m’han dit, però jo sóc feliç i ells tenen fel a la gola. Crec en mi, no en la societat que ens esclavitza. Crec que sóc un petit príncep que no vol posseir la seva flor, sinó tenir-ne cura i fer-la créixer. Crec que, després de tot, jo puc provar de seguir el meu camí i, potser algun dia, algú digui: “Veus, Ignacio, com jo tenia raó? La gelosia no és bona, però és clar, tu ets immoral i no tens criteri ni voluntat i…” I jo seré feliç.

Octubre 20, 2008

¿Por qué el niño? Las tres etapas de la vida y de la historia

Archivado en: Espíritus libres — Ignacio Terrado @ 9:32 am
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dos niños...

dos niños...

¿Pero cuándo te decidirás a crecer?, escuchamos contínuamente de boca de nuestros padres o compañeros. Expresiones como eres demasiado infantil o ¡A ver si asumes de una vez tus responsabilidades como adulto! son frecuentes a nuestros oídos. Experimentamos contínuamente una gran presión para que nos convirtamos en los ciudadanos que la sociedad necesita: adultos serios, realistas, sumisos, patriotas, decentes, productivos. Y eso está bien. ¿O no? ¿Qué opina nuestro amigo el bigote?

En el Así habló Zaratustra, Nietzsche habla de las tres transformaciones del espíritu: de cómo el espíritu se convierte en camello, y el camello en león, y el león, por fin en niño. Estas son las tres etapas por las que cualquier espíritu con voluntad creativa debe pasar para convertirse, finalmente, en el hombre más allá del hombre (übermensch). Pero fijaros en el último término, en la finalidad a la que todo ser libre y con voluntad de ser debe aspirar: el niño.

Inocencia es el niño, y olvido, un nuevo comienzo, un juego, una rueda que se mueve por sí misma, un primer movimiento, un santo decir sí.

¿No os parece un poco extraño? Pero claro, Nietzsche es un visionario, un poeta post-romántico, un rebelde sin causa, un excremento de la sociedad nihilista, alguien a quien todo el mundo cita pero nadie ha comprendido. Y mira que exponer tres etapas en la vida del espíritu. ¡Únicamente a un visionario como él podía habérsele ocurrido! ¿Seguro?

Siempre se ha contrapuesto a nuestro querido bigote con el cristianismo y el marxismo. Pero aún no he leído a nadie que reparase en una curiosa comparación: según el libro del Apocalipsis, también tres van a ser las etapas que llevarán a la instauración del reino de Dios en la tierra. Y no fue otro que nuestro barbudo Karl Marx el que definió la llegada del paraíso socialista como una sucesión de etapas. Tanto para cristianos como para marxistas, el nuevo hombre de sus respectivos paraísos será diferente del actual, más inocente, comenzará de nuevo con un nuevo espíritu, una nueva voluntad.

Podría aducirse que la comparación no es válida, pues mientras Nietzsche escribe para los indivíduos, Marx y Juan tratan acerca de un colectivo, pero… ¿los colectivos estan formados por indivíduos, no?

El camello, explica Nietzsche, es ese ser humano que no se pregunta, que no se rebela, que simplemente se deja llevar por la corriente de la vida. No se queja, no siente, piensa, sí, pero como se debe de pensar. Y vive encadenado, esclavo de su señor, corriendo por el desierto bajo el peso de su carga, bajo la moral que le ha impuesto la sociedad.

Pero en lo más solitario del desierto tiene lugar la segunda transformación: en león se transforma aquí el espíritu, quiere conquistar su libertad como se conquista una presa, y ser señor en su propio desierto.

Y se rebela, y empieza a sentir, y con su martillo que todo lo martillea va echando abajo todo aquello en lo que antes creía. Pero esta etapa también tiene sus peligros, puesto que una vez haya eliminado todo aquello que le oprimía, una vez haya matado a su señor, ¿qué le quedará? Si no quiere verse abocado al gran agujero del nihilismo pasivo, tiene que aprender a crear nuevas ánsias por las que vivir…

¿Quién es el gran dragón, al que el espíritu no quiere seguir llamando señor ni dios? “Tú debes” se llama el gran dragón. Pero el espíritu del león dice “yo quiero”.

Y entonces, cuando el espíritu se vuelve creativo, liberado ya de lo que antes le oprimía, aparece la figura del niño. Es libre, inocente, juega. En él no existe la maldad; no sabe lo que es…

Sí, hermanos míos, para el juego del crear se precisa un santo decir sí: el espíritu quiere ahora su voluntad, el retirado del mundo conquista ahora su mundo.

Oye, diréis. ¿Cómo puedes relacionarme ésto con un texto sagrado como el Apocalipsis de Juan? Y probablemente tendréis razón. Pero ya sabéis que a mi me gusta establecer relaciones imposibles, así que escuchad esta: la primera etapa es el esclavo, pues el pueblo de Dios está bajo el yugo de Babilonia (cualquier lugar donde no se viva de manera acorde a los principios del cristianismo), y sufre por ello; la segunda etapa es el Reino de los mil años, metáfora que significa un tiempo limitado pero mejor, puesto que el cristianismo ya es reinante pero se mantiene la lucha contra las fuerzas del Anticristo; y la tercera etapa es la Jerusalén celestial, el Paraíso en la Tierra.

¿Y Marx? ¿Cómo él, que denunció sin tregua al opio del pueblo, puede caber aquí? Pues bien, también con él empezamos en una época triste de la historia del trabajador: el mundo gobernado por la burguesía (si el país estuviera aún bajo un sistema feudal, es obligatorio que pase por esta etapa antes de la revolución del proletariado); luego, la revolución comunista, que lleva a la instauración de la dictadura del proletariado (como vemos, un punto mejor que el anterior, como pasaba con Nietzsche y san Juan, pero, como en ellos, sin salida); y finalmente el socialismo (no hay propiedad, no existe el Estado,  trabajamos por amor a los demás…).

Y siempre la finalidad es ésta: llegar al tercer nivel. ¿Y qué encontramos en él? La definición nietzscheana del niño. En los tres casos lo mismo: Inocencia, y olvido, un nuevo comienzo, un juego, una rueda que se mueve por sí misma, un primer movimiento, un santo decir sí.

Si tanto Nietzsche, como Marx, como Jesús, y como quién sabe cuántos filósofos más (léase Antoine de Saint Éxupery, Hergé, Michael Ende, Aldous Huxley, ese poetastro de mala muerte y peor vida con aires de filósofo loco llamado Ignacio Terrado, y otros que no menciono) nos llaman contínuamente a convertirnos en niños (Os aseguro que si no os volvéis como niños no entraréis en el Reino de los Cielos, dice Jesús en el Evangelio de Mateo), ¿qué diablos están haciendo con nosotros, con nuestra educación?

¿O es que nos dejan soñar, cuando dicen: la vida real no es así? ¡Si no es así es porque no habéis sabido hacerla así, camellos!

¿O es que podemos luchar por un mundo diferente cuando automáticamente se nos descalifica tratándonos de jóvenes idealistas?

¿O es que podemos amarnos los unos a los otros sin normas ni complejos sin que se nos trate de inmorales?

Y serán los discípulos de Nietzsche, Marx, y Cristo, quienes os crucificarán…

Sólo otro niño

Sólo otro niño

 

 

 

 

Octubre 12, 2008

El dilema socrático de Rajoy

Archivado en: Actualidad (en clave filosófica), Uncategorized — Ignacio Terrado @ 12:00 pm
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La gloriosa efigie de la nación

La gloriosa efígie de la nación

Cuentan de Sócrates que, un día, paseando por Atenas, encontró un esclavo dormido en medio de la calle. El esclavo soñaba, y en sus sueños era libre y rico, todo un ciudadano acomodado. Su boca mostraba una alegre mueca de felicidad. Y, sin embargo, era un esclavo.

Sócrates se quedó pensando. Sí, es cierto que la tarea del filósofo, si seguimos las enseñanzas del mito de la caverna, es la de mostrar a sus conciudadanos, aunque ellos no lo quieran, la verdad. Pero también era cierto que se le veía tan feliz, al pobre esclavo…

Entonces… ¿qué hizo Sócrates? ¿Lo despertó para mostrarle la pura -y cruel- realidad? ¿O lo dejó dormir, dormir la opresión y soñar las libertades? ¿Qué preferiria, si me apuráis, el mismo esclavo? ¿La verdad en detrimento de la felicidad? ¿O la felicidad a cambio del engaño?

Y diréis: ¿y a éste, por qué le da ahora por meternos en este callejón aparentemente sin salida? ¿Qué me importa a mi lo que le pudiera pasar a un maldito esclavo de hace dos mil quinientos años? Yo respondo: si supiérais, amigos míos, quién ha tenido, ayer mismo, que plantearse el dilema socrático… si supiérais, compañeros de tertúlia, que Sócrates comanda la oposición (el PP para los profanos)… Si supiérais, digo, que el nuevo apodo de Sócrates es Mariano Rajoy y que el esclavo, sí, el esclavo, eres tú, y tú, y tú…

Y es que, en efecto, el líder popular resultó ayer muy clarividente al tachar de coñazo el desfile de las Fuerzas Armadas Españolas. Por muy antipático que os pueda resultar, la verdad es que esta vez el pobre, en un alarde de sinceridad provocado por un micrófono demasiado indiscreto, ha dado en el clavo. Y, sin embargo, después de mostrarnos sin querer su luz particular, parece que su ambición es la de volvernos a meter en la caverna, al pronunciar palabras como: Para despejar cualquier duda o mala interpretación, quiero reiterar mi postura ya conocida de máximo respeto, afecto y apoyo a nuestras Fuerzas Armadas, así como a la celebración de la Fiesta Nacional.

Dejando a un lado lo obvio de la contradicción, que únicamente muestra lo hipócrita y cobarde que es nuestra clase política, me gustaría que me acompañárais en un pequeño análisis social de la situación. Una vez visto el panorama ya decidiremos a quién es preciso obedecer, si a la Verdad o a una mentira útil…

Aquí tenéis un enlace a un periódico que describe la situación. Una vez comprendido el meollo, pasemos a examinarlo en detalle.

Primero: Está claro -ni Rajoy puede, aunque lo intente, negarlo- que al líder de la oposición no le gustan los desfiles de las Fuerzas Armadas; es más, los considera un coñazo. Y ésta es, para él, la Verdad.

Segundo: Pero no sólo ha pedido perdón (¿por qué?) por tal epíteto, sino que afirma su más profundo afecto por lo que momentos antes era un coñazo.

¿Por qué?, es la pregunta. Y enseguida nos viene la respuesta a la cabeza: por utilidad. Sí, porque le es útil a él, para no perder votos. Pero también porque le conviene más tener a una población patriota, feliz, y sumisa (más fácilmente manipulable) que no una población deprimida que, llegado el día nacional, se quede en la cama. En este caso, por lo tanto, Sócrates ha anestesiado al esclavo dormido.

Y es que los españoles (al menos una parte de ellos) ven su fiesta nacional, y especialmente el desfile de las Fuerzas Armadas, como una ocasión de renovar su patriotismo, su fidelidad a lo hispánico, a la grandeza del país (su felicidad, vamos). Y exigen, por tanto, a cualquiera que gobierne, que sea como ellos, que sienta la bandera, que su corazón palpite al ritmo de la música militar.

Si los españoles (sobre todo los votantes de Rajoy) saben que tienen un líder de la oposición que no ama los desfiles (y que por lo tanto es mal español) se sentirán defraudados; si se convencen de lo contrario, podran ser felices, pues están en buenas manos. Quizás, diréis, la diferencia con Sócrates sea ésta: que Rajoy tiene un interés directo en el asunto -a saber, unos cuantos votos. Pero tampoco Sócrates necesita exponerse al peligro de una rebelión de esclavos…

La pregunta es ésta: ¿despertarías al esclavo?

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